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Elige sabiamente como las usas.
El poder de la palabra
La palabra ha marcado un antes y un después en la historia. Sin ella, no nos diferenciaríamos de los animales, ya que no habríamos podido evolucionar culturalmente. Saber comunicarse es importante en todos los ámbitos de la vida; el lenguaje es lo que nos hace humanos.
Con la palabra inspiramos confianza o desconfianza, según el emisor. También contribuye a expresar nuestros estados afectivos, principalmente si es positiva. Además, ayuda a transformar la vida de las personas al mejorar la forma de comunicarse y relacionarse con los demás, así como con nosotros mismos. Tiene el poder de resolver problemas o de emocionarnos, como cuando leemos un libro o cantamos; a través de estas acciones, transmitimos todos nuestros pensamientos y dudas.
Por el contrario, hay que tener cuidado con el uso de palabras negativas, ya que generan sensaciones de malestar, ansiedad, ira, miedo o rechazo. Aunque no lo parezca, pueden causar mucho daño. La palabra posee un poder mágico: puede otorgarnos la mayor felicidad o sumergirnos en la más profunda tristeza. Por ello, debemos cuidar lo que sale de nuestra boca, principalmente cuando estamos enfadados y nos domina ese «pronto» de ira que muchas veces no podemos controlar; es ahí donde podemos destruir vidas, hiriendo y humillando incluso a las personas que más queremos.
Reflexión
Antes de hablar, pensemos: ¿esto es real? La respuesta depende de la emoción y del estado de conciencia en que lo hagamos. A veces, una palabra oportuna es un bálsamo para nuestro ser y nos nutre.
La palabra tiene el poder de persuadir, seducir, fascinar e impresionar a cualquier persona. En los tiempos de antaño, en la época de nuestros padres y abuelos, cuando se cerraba un negocio de compra o venta, solo se usaba la palabra. No hacía falta un contrato; bastaban el compromiso verbal y un apretón de manos, porque existían la honestidad, el respeto y la integridad, valores que tenían un gran peso.
El valor de un hombre se mide por lo que vale su palabra. Eso se veía mucho en aquellos tiempos. ¿Existirá ahora? Claro que sí, pero se ve muy poco. Se han ido extinguiendo las buenas costumbres que aprendemos en casa. Volvamos a recuperarlas y enseñemos a nuestros hijos a practicar estos buenos hábitos «a la vieja usanza», como el honor y la honradez. Una buena reputación te lleva a construir un gran prestigio, simplemente con cumplir con la palabra dada.
y de ahí que la palabra tiene mucho valor en el ser humano más que el mismo dinero.
